Cómo hablar de cosas superfluas con estilo

Si eres un ser humano, o al menos medio humano, seguramente entre tus temores esté el tener que soportar el tedio de mantener una conversación inútil con otro ser humano desconocido, conversaciones también conocidas coloquialmente como charlas triviales o charlas de ascensor.

Y es que no es tan fácil como parece mantener una charla de este calibre sin pasarte de superfluo o de profundo. Por tanto he creído necesario preparar esta maravillosa guía que te proporcionará las herramientas necesarias para aliviar el dolor de este tipo de conversaciones mientras quedas como un auténtico super king/queen in the sky.

Si estás leyendo esto y no eres un ser humano, puedes intentar aplicar las lecciones aprendidas en esta guía a tu propia especie, dado que las conversaciones triviales siempre suelen ser un tostón con independencia de la especie a la que pertenezcas.

No recomiendo usarla para conversaciones entre especies diferentes, es más, no recomiendo tener conversaciones entre especies nunca.

Mi tío una vez pasó un año entero hablando exclusivamente con una colonia de hormigas bravas nigerianas. Siempre comentaba (o eso creo, normalmente no solía escucharle) lo agradable que era cada interacción con estos pequeños bastardos, sin pausas incómodas, pequeños desacuerdos y otras tonterías sin sentido que normalmente soportarías con miembros de tu propia especie.

El problema fue que gustaba tanto hablar con ellas que un día trato de meterse en su hormiguero como una más y quedó atrapado dentro del suelo de cintura para arriba. Así pues ahora cuando vamos a verle hablamos con su ojete (Sin duda todo un descanso aunque a veces huela un poco mal). 

Por desgracia, para la mayoría de nosotros, hablar sólo con hormigas o koalas es una quimera poco realista, y en la mayoría de los casos, no lleva a ninguna parte. Por muy bien que consigamos entendernos con un rinoceronte o un saltamontes tibetano, jamás podremos librarnos de tener charlas de ascensor con miembros de nuestra especie salvo que decidiésemos retirarnos al monte más alejado de la civilización a vivir como un hippie vegano (y aún así seguramente alguien vendría cualquier día a pedirnos sal o a detenernos por cultivar marihuana y ¡Zasca! Charla trivial).

El trabajo, la familia, los amigos y los oficiales de la libertad condicional exigen que intercambiemos palabras con otros humanos frecuentemente. Si lo se, sin duda es un destino terrible.

Para ayudar a mitigar la horrible necesidad de comunicación entre especies, veamos algunos de los escenarios de charlas triviales más comunes para poder elegir la mejor manera de navegar por esta mierda.

Charla con alguien que no conoces en una fiesta

Si has estado en prisión, sabes lo importante que es unirse a una pandilla. La afiliación a una pandilla carcelaria proporciona beneficios similares a los ofrecidos por un plan de seguro de salud grupal: mientras que los empleadores usan los seguros para que sus empleados estén cubiertos, cada pandilla carcelaria (simbólicamente) ofrece su propio seguro consistente en ‘no golpear a sus miembros en el patio de la prisión’.

Desafortunadamente, muchas personas no se dan cuenta de cuan importante es encontrar un grupo para unirse en una fiesta llena de extraños. Y es que no hacerlo puede conllevar consecuencias realmente dramáticas: Al igual que en la cárcel, los solitarios tienen 20 veces más probabilidades de ser golpeados en una fiesta (Fuente: Instituto Nacional de solitarios y frikis varios)

Estar solo y fingir estar leyendo el marca en el móvil (cuando ya te has leído hasta las noticias que hablan de los líos de Jesé) o tratar de buscar un punto en el que dejar tu mirada perdida durante un par de minutos antes de buscar otro y repetir la operación, puede generar ansiedad y hace que sea más probable que tu mismo rompas con todo y golpees a un invitado desprevenido de la fiesta (algo que podría suponer tu expulsión inmediata de la misma, o incluso algo peor, que alguien lo haya grabado, lo suba a youtube, se haga viral y tengas que explicar lo sucedido en el programa de Ana Rosa Quintana)

Ana Rosa Quintana, del coronavirus:

Para eludir estas minas terrestres, debes encontrar a alguien con quien hablar, y convertir a esa persona o grupo de personas en tu «party pandi».

Digamos que estás decidiendo que canapé vas a entallar de entre todos los que se amontonan en una de las bandejas de la comida, y de pronto un tipo regordete de mediana edad con gafas de pasta y chaqueta antigua justo decide coger uno de esa misma bandeja.

En ese momento exacto, el tipo decide iniciar conversación con una apertura clásica del tipo: «Hola, mi nombre es Ramiro. ¿Qué tal, cómo te llamas?».

Después de decir tu estúpido nombre, ves que él sigue tirando del teorema fundamental de la charla trivial y continúa con un: «Entonces, ¿De qué conoces al anfitrión?»

Ojo cuidao en este punto, dado que lo normal es que su cerebro comience a liberar la hormona «yo soy más colega», dejando claro el camino que seguirá esta conversación: Tú dirás que lo conoces de la universidad, él dirá que lo conoce del club de los frikis de los juegos de mesa y un torrente de palabras insoportables comenzarán a fluir como aguas residuales por una tubería oxidada de su boca hacia ti sin que tú puedas hacer nada para evitarlo.

En estos casos es fundamental mantener la calma y contrarrestar el efecto de esta hormona nociva con un movimiento de ruptura:

«¿Qué de que lo conozco? Pues siendo sincero tampoco lo atropellé tanto con mi coche. Venga hasta luego.» Sublime a la par que elegante.

Tu inquisidor quedará tan perplejo con tu respuesta que perderá el habla de golpe, evitando de ese modo que un sin fin de palabras salgan de su boca como la basura que depositan los camiones en los vertederos, cortando de raíz la intención deseada y saliendo airoso cuan gladiador ruso.

Y es que se han dado casos de personas cuyas cinturas han quedado tan destrozadas por semejante movimiento que han acabado con todas las existencias de canapés o incluso han llegado a meter la cabeza en el cuenco del ponche durante horas. Simplemente apoteósico.

¡Si eso está muy bien susti, pero si hago eso volveré a verme [email protected] en la fiesta y, por lo tanto, vulnerable a que me apuñalen en el abdomen, la garganta o el corazón y no habremos avanzado nada! Eso es cierto.

Por tanto para evitar esto, es fundamental repetir este proceso con numerosos invitados, formando así una serie continua de afiliaciones de pandillas de corta duración. Además el resto de la fiesta pensará que conoces a todo el mundo y es posible que aguanten más tiempo sin tratar de matarte.

Aun así vamos a analizar diferentes temas que puedes ir abordando para completar está magistral estrategia y salir exitoso:

El tema del tiempo

«Ey, hay que ver como está el tiempo de loco» son palabras que instantáneamente pueden provocar rabia ciega en el más tranquilo de los hombres. Una cosa sería que el clima fuera muy anómalo, tal vez que hubiera seis metros de nieve o que hubiera caído lluvia ácida o incluso albóndigas o sapos, pero la realidad es que en el 99,9% de los casos en los que se menciona este tema, el clima entra dentro de los rangos normales de la época y la zona.

¿Qué diablos se supone que debes decir? «Sí Alfonso, hace cinco grados más que ayer y uno más que el año pasado por estas fechas. Han dicho en la tele que mañana habrá una variación de 2 grados sobre la temperatura promedio en esta época del año. ¿No es realmente fascinante Alfonso? Mmmmm que te iba a decir ¿Podrías hacerme un favor y dispararme entre 7 y 8 veces justo en el pecho para no tener que volver a hablar sobre este tema nunca más?»

El problema con este enfoque es que esperar que Alfonso lleve encima un arma cargada con la que dispararte es simplemente una ilusión. E incluso si lo hiciera, probablemente sería demasiado cobarde como para meterte varias balas entre pecho y espalda y sacarte de tu miseria.

Así que esto es lo que debes hacer. Siempre que se aborde el tema del clima, solo saca tu miembro y échale un clorete encima mientras le dices que «está ligeramente nuboso con una humedad del 95% en el aire y brumas intermitentes. ¿No lo notas?». Salvo que sea un gran aficionado a las lluvias doradas puedes estar [email protected] de que huirá sin remedio. Tú siempre antes te habrás echado un buen vaso de ponche por lo que pueda pasar.

Charla sobre deportes

Esta es la única categoría tolerable dentro de las charlas triviales. Puede durar horas con los mismos 3 puntos de conversación arrojados una y otra vez sin que pierda fuerza.

Ejemplo: «Messi es el mejor sin duda». «No, Cristiano es el mejor». «No, Messi es mejor!». Y así días. Si odias los deportes no te preocupes, rezaré por ti.

¿De dónde eres?

«¿Y a ti que co***** te importa?» Confiésalo, te encantaría responder así a esta pregunta. Lamentablemente, la sociedad contemporánea desprecia las reacciones psicóticas exageradas.

Esta es una tendencia moderna que, al igual que el contacto visual, va totalmente en contra de la naturaleza humana.

Nuestros ancestros más ancestrales eran propensos a tener arrebatos en respuesta a preguntas que tocaban su pasado, su presente y su futuro. Nuestros ancestros más ancestrales eran propensos a tener arrebatos en respuesta a preguntas que tocaban su pasado, su presente y su futuro.

Antiguamente, si le preguntabas a un hombre de dónde era, te miraba con odio desenfrenado, con rabia oriunda que se reflejaba en sus ojos llenos de sangre antes de desatar una feroz hondonada de blasfemias en represalia por semejante interrogatorio a un hombre inocente (eso en el mejor de los casos.

En el peor te mandaba escribir 100 veces en la pared con pinturas rupestres «no volveré a interrogar a un pobre hombre inocente en vano» dibujos incluidos).

Hoy, debido a un misterioso fallo evolutivo, es necesario encontrar una alternativa a ese estallido psicótico. Tu mejor opción es sin duda implementar el «principio espejo». Te lo explico con un ejemplo:

Idiota al azar – «Así que ¿De dónde eres?»

Tú – «¿De dónde eres?»

Idiota al azar – «Ah, yo nací en Trebejos de la presa y me mudé a Zaragoza cuando tenía 5 años».

Tú – «Sí, yo también.»

¡Zasca! ¡Ruptura total! Toma geroma! Al activar el principio del espejo, neutralizarás la incomodidad de contar la historia de tu vida a un p*** idiota al azar, ahorrando saliva, energía, tiempo y seguramente más cosas.

¿A qué te dedicas?

Otro clásico de las conversaciones superfluas. Cualquiera que te haga esta pregunta está pidiendo a gritos conectar tu puño con su barbilla.

Pero una vez más, la guerra de la sociedad moderna contra nuestra hermosa naturaleza humana estigmatiza la violencia en respuesta a una pregunta perfectamente inofensiva.

Entonces, en lugar de soltar el brazo varias veces como cuando Chuck Norris pilla a alguien bebiendo de su cerveza por error, te recomiendo la siguiente estrategia más del siglo XXI:

Otro idiota – «¿A qué te dedicas?»

Tú – «Estoy esperando a la muerte».

Fin de la conversación. ¡Supéralo motherfucker!! Pim pam jugadón. Seguimos, aguantamos, resistimos, estorninos.

¿Cuál es tu comida favorita?

Oh si, otra pregunta siempre presente en toda conversación de besugos que se precie. Ahora bien, te aclaro que cuando alguien te dice que tiene una comida favorita, la realidad es que está mintiendo y lo más probable es que sea racista.

Por ejemplo, dices que tu comida favorita es el shusi ¿Acaso lo comes en el desayuno? ¿A todas horas? ¿Todos los días? La respuesta obviamente es que no, por tanto, el sushi no puede ser jamás tu comida favorita.

El término «comida favorita» es una falacia basada más en la hora del día, tu estado de ánimo o tu entorno, entre otros factores transitorio-absurdos.

Esta pregunta es tan mentira como sin sentido, y con ella estamos ofendiendo a Dios nuestro creador. Por tanto es fundamental enfrentarte a esta pequeña charla blasfema de la siguiente manera:

Tonto medio – «¿Cuál es tu comida favorita?»

Tú – «Gandhi ayunaba. ¿Acaso tú te crees mejor que Gandhi al preguntarme eso?»

Otra respuesta interesante y menos intelectual podría ser:

Tú – «Aquella que encuentro en la basura bien empaquetada»

Plam, en toda la boca. Una vez más, la pequeña charla se cortará de raíz, la frialdad recorrerá de punta a punta la espina dorsal de ese ser y la tierra de la que brotó ahora estará llena de gasolina que impedirá que nada similar vuelva a crecer.

Viajes

«¿Cuál fue el último país al que viajaste?» La persona que inicia con este tipo de charlas triviales se incluye en una de las siguientes cuatro categorías:

1. Insoportable

2. Insoportable presuntuoso

3. Inseguro

4. Inseguro presuntuoso

No te preocupes demasiado por aplacar a esta raza particular de pequeños conversadores al estilo de los ejemplos anteriores. Sigue adelante y aléjate con un «mira como viajo».

Aficiones

«¿Qué te gusta hacer para divertirte?» Como aparte de beber y masturbarte no tienes muchos más pasatiempos, esta pregunta exige una respuesta rápida y despiadada. Aquí te dejo algunas que dejarán a tu conversador en fuera de juego:

«Me gusta verte mientras duermes»

Esta es la respuesta estratégicamente más sólida, pero hay otras alternativas aceptables:

«Me gusta estar en la puerta de Mercadona blandiendo un cuchillo jamonero».

«Sigo a los patos del parque durante horas».

«Grito a extraños por la calle».

«Acampo en rotondas con mucho tráfico y suelto piropos a los que están parados en el semáforo».

«Me siento en mi sala de estar en total oscuridad y bebo hasta que me desmayo».

«Colecciono mierda de perro».

Cualquiera de las respuestas anteriores logrará su objetivo de neutralizar a tu inquisidor y evitarte toneladas de palabras de mierda cayendo sobre ti.

Bueno y hasta aquí esta guía para salir airoso de una insoportable charla de ascensor, salvo claro está, que estés en un ascensor y tengas que esperar a llegar a tu planta.

Y es que por mucho que deseáramos que no fuera así, la pequeña charla superflua es una pesadilla ineludible que forma parte inevitable de la existencia humana. Pero tranquilo todo el mundo, [email protected] con estos consejos, ahora podrás resistir las afiladas lanzas verbales procedentes de cualquier idiota paliqueador. ¡Mucho ánimo y a la charla!

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