Un día en la vida de un ser unineuronal

Hola y bienvenido, bienvenida a uno de los blogs más absurdos de la red.

No sé cómo has llegado hasta aquí, pero aún estás a tiempo de huir y evitar el intenso e irreversible daño neuronal que leerlo puede llegar a causarte (salvo, claro está, que tú también seas un ser uni neuronal sin miedo ninguno).

No es demasiado lo que vas a llegar a aprender en este blog, al contrario, puede que tu realidad se distorsione y te veas haciendo cosas que jamás te planteaste, y que por supuesto, no te servirán para nada en la vida.

En este primer post quiero hablaros de como es un día normal en la vida de un ser uni neuronal como es el sustituto. Y es que ser uni neuronal, a pesar de tener sus ventajas, no es algo fácil.

Tener una única neurona haciendo todas las tareas que requiere un órgano tan complejo como el cerebro hace que no siempre sea sencillo terminar los días, aunque si es cierto que vivimos con muchas menos preocupaciones que un ser humano normal (está nuestra única neurona como para pararse a reflexionar)

Sin más dilación y con toda la intención, procedo a contarte cómo es un día en la vida del sustituto, ser uni neuronal por excelencia, y ejemplo vivo de escasez mental.

No sé si será muy interesante, pero lo mismo para dormir te sirve.

Un día típico en la vida del sustituto

Medianoche: Lo primero es que un ser uni neuronal como es mi caso siempre trata de irse a dormir temprano, o eso le gustaría a mi única neurona, pero por desgracia esto suele frustrarse ante cualquier tontería que se cruce en mi camino, como por ejemplo, encontrarme con un artículo sobre todas las formas en que la gente ha muerto en Disneyland (Flipas) o como preparar un bizcocho sin harina, sin azúcar, sin huevo y sin horno (locurón).

En esos momentos suelo regañarme y cerrar los ojos para dormir, no sin antes echar un vistazo rápido a mi Instagram antes de plegar la orejina y rendirme al más allá.

3 am – ¿Nutriasdado cuenta de la cantidad de videos de nutrias que hay en Instagram? Si, los juegos de palabras absurdos están a la orden del día en un ser uni neuronal, y más cuando uno disfruta viendo nutrias.

Mi neurona como es lógico quiere matarme. ¡Demonios! ¿Ya son las 3 de la mañana?

3:30 am – No puedo dormir. Le pregunto a Twitter si hay alguien despierto por ahí.

Y no solo están, sino que además hay un hilo donde la gente está compartiendo las típicas tonterías que compartías con tus compañeros de cole cuando tenías 12 años.

No solo me gusta sino que me siento muy reconfortado.

4 am – Mi perro (Bruce Willis) está lloriqueando. No recuerdo si le saque a la calle a hacer pis antes de acostarme así pues decido volver a sacarlo mientras finjo hablar con la policía por mi móvil por si acaso un asesino en serie de seres uni neuronales estuviera escondido entre los arbustos.

8 am – Me despierto sobresaltado pensando que me he quedado dormido y que llego tarde al trabajo. Recuerdo que no tengo trabajo. Me vuelvo a dormir.

10 am – Me despierta el teléfono. Me llaman para ofrecerme una sustitución. No pagan muy bien, pero da igual, acepto sin pensar (no esperes mucho de una neurona medio dormida).

Me levanto de la cama prometiéndome a mi mismo irme a dormir a una hora normal esta noche. Saco a Bruce Willis a la calle para que haga sus cosas.

Por el camino atrapa a dos cacos y suelta un par de ladridos épicos a la americana (así es Bruce, no lo puede evitar).

Me doy una ducha. No sé si he usado gel, así pues lo uso nuevamente. Ahora no sé si he usado champú, así es que empiezo de nuevo.

De pronto me doy cuenta de que debo comprar champú y gel porque por alguna extraña razón se me han vuelto a acabar (si es que cada vez duran menos, yo no sé…)

11 am – No recuerdo si saqué al perro. Lo saco de nuevo. Al volver a casa me quedo pillado durante un rato. Esto es supertípico de seres uni neuronales cuando nuestra neurona se aturulla y decide cortar por lo sano.

Puede pasar en cualquier momento y mirando cualquier cosa. En este caso me quedo mirando un agujero que hay en la pared y que debía arreglar hace tiempo aunque este dato es indisoluble. Tras 14 minutos vuelvo a estar activo.

Mediodía – Es hora de ir a trabajar.

Me pregunto por qué hay una palabra para el mediodía y otra para la medianoche, pero no para el resto de horas.

Mi esposa me mira con cara de acelga y me pide que me vaya al trabajo. Que duro es que no aprecie el valor de una mente curiosa.

Miró mi ordenador y me doy cuenta de que tengo más de 250 correos electrónicos sin leer. Mi neurona sufre 3 microinfartos.

Trato de tranquilizarla diciéndola que ya si eso mañana, aunque no la veo muy emocionada. Aquí es cuando me doy cuenta de que tengo que tomarme mis pastillas para la memoria aunque antes necesito comer algo.

Me dispongo a poner un par de rebanadas de pan en la tostadora, pero me doy cuenta de que ya hay dos dentro, concretamente de ayer para ser más exactos.

Comienzo a recordar que el día anterior comencé a prepararme un sándwich para la comida y debí olvidarme de terminarlo. Ahora entiendo por qué anoche tenía tanta hambre.

Me dispongo a preparar otro sándwich, pero me doy cuenta de que no tengo queso, así es que comienzo a escribir una lista de la compra, lo que me hace pensar en mi lista de tareas del día y que debía estar sustituyendo a (la verdad es que no lo recuerdo) hace 2 minutos.

Salgo corriendo hacia el punto de encuentro. No hay nadie allí. Ya que he salido de casa aprovecho para posturear un poco y hacerme unas fotos para Instagram.

Vuelvo a casa y reviso mi correo electrónico. Encuentro un mail en el que me pone la fecha y hora de la sustitución, y resulta que es para dentro de dos días.

Ya sabía yo que debía haber revisado el correo electrónico antes de salir de casa (neurona vaga…).

Aun así me siento bien por haber llegado solo 30 minutos tarde a una sustitución que en realidad era otro día, y a la vez mal por exactamente la misma razón.

Me doy cuenta de que no he tomado mis pastillas para la memoria. También me doy cuenta de que dejé mi sándwich en la encimera de la cocina y que Bruce Willis de un salto con doble tirabuzón se ha comido la mayor parte.

Recojo los restos del desastre y noto que hay platos sucios en el fregadero, así que me pongo manos a la obra a limpiarlos, pero descubro que no he vaciado el lavavajillas y a la vez me doy cuenta de que me había olvidado incluso de ponerlo la última vez que lo llené.

Esto me recuerda que también olvidé sacar la ropa lavada de la lavadora para tenderla aunque soy incapaz de recordar cuánto tiempo ha pasado desde que lavé esa ropa (¿fue ayer?).

Así que simplemente pongo la lavadora de nuevo. Ahora me pregunto si accidentalmente habré batido el récord Guinness de lavar la misma ropa una y otra vez.

De pronto en mi mente siento a Greta Thumberg mirándome muy decepcionada, lo cual todo sea dicho, me merezco totalmente.

El día sigue avanzando y yo sin tomar mi medicación.

Voy al botiquín, miro el frasco y me pregunto si ya me he tomado la pastilla para la memoria. Me apunto recordarme a mí mismo tener un calendario para realizar un seguimiento de esto y de todo lo demás.

Me pregunto si es peor tomar alguna pastilla de más o no hacerlo antes de decidir omitirlo por si acaso.

Bruce Willis se queja. No recuerdo si lo saqué o si solo me está jodiendo por aburrimiento. Parece que quiere orinar. Lo saco de nuevo o por primera vez, quien sabe.

He estado dándole vueltas a la idea de poner marcas en mi brazo para recordarme a mí mismo las veces que lo he sacado aunque no creo que resulte muy fiable, dado que eso supondría estar todo el día con un bolígrafo a mano, lo que simplemente es imposible.

También me planteé apuntarlo en el móvil, pero rara vez recuerdo donde lo he dejado, y cuando lo hago, suele estar sin batería. (¿Dónde habré puesto el cargador?)

3 pm – Hora de ponerme con los correos electrónicos. Mi neurona se siente engañada (Me dijiste mañana!) y sufre otros dos microinfartos. Me quedo pillado unos 17 minutos mirando el póster de ET que tengo colgado sobre la tele del salón.

Al volver en mí retomo, esta vez sí, la lectura de mails, lo cual se limita a preguntarme a mi mismo cuáles no he respondido y a contestar con frases tales como «¿Todavía me necesitas? Lo siento mucho. Soy un idiota».

Aquellos correos demasiado complicados o abrumadores simplemente los pongo como «no leídos» para poder volver a ellos más tarde, o nunca, y que de ese modo puedan seguir atormentándome para siempre. Good done!

4 pm – Me doy cuenta de que no he visto a mi hijo desde esta mañana. Pienso en si estará en el cole o jugando a la play con amigos.

Debería asegurarme de que coma algo, haga sus deberes, y darle una pequeña charla sobre la importancia del enfoque y la dedicación en la era de lo efímero hasta que me distraiga el perro lloriqueando y me obligue a recordar si lo he sacado hoy o no.

En este caso decido adelantarme, por lo que agarro su correa y directamente lo saco sin pensar. Por el camino recuerdo que no tengo hijos, lo cual me alivia por un lado aunque reconozco que me hacía ilusión lo de la charla.

Justo en ese momento veo a Bruce Willis correteando por el césped a varios metros de mí. No entiendo como ha podido pasar, pero parece que olvidé ponerle la correa mientras me mira desconcertado con ella en la boca. Esta imagen es una analogía de toda mi maldita vida.

5 pm – No me he acordado de cargar mi teléfono durante todo el día hasta hace una hora justo cuando estaba al 2%.

Al ir a recogerlo he visto que sigue totalmente muerto porque aparentemente olvidé enchufar el cargador a la pared. All right!

6-10 pm – Han pasado ya 4 horas desde que me tomé o no mi medicamento para la memoria, lo que significa que ya es seguro para mí tomarme la siguiente dosis, así pues me la tomo aunque sea tarde y me haga quedarme despierto hasta las mil y escribir una lista de tareas como revisar mi correo electrónico, poner una lavadora, el lavavajillas, sacar a Bruce Willir o parecer una persona normal.

Posiblemente esté teniendo demasiada fe en mi neurona. Bueno la verdad es que no, más bien en las pastillas que hacen que vaya dopada y recorra los circuitos neuronales como un pepino.

Bruce Willis se queja. Lo saco a pasear, pero me aseguro de decirle que sé exactamente lo que está haciendo y que no está engañando a nadie (excepto a mí, aparentemente, una docena de veces durante todo el día).

11 pm – Mi esposa me pregunta por qué sigo trabajando a las 11 de la noche, y me dice que si trabajara en horas normales no tendría que estar hasta tan tarde haciendo cosas. Me dice que empezar un trabajo y no terminarlo es peor que hacerlo de una vez.

La verdad es que suena muy bien y hasta me lo apunto (fíjate que ahora mismo no sé donde), pero de pronto noto como se me está pasando el efecto activo de mi pastilla, como mi neurona decae y me empiezan a entrar muchas ganas de meterme en la cama, lo cual ayudaría, dicho sea de paso, a dormir bien por la noche y despertarme a una hora normal por la mañana.

Eso si, no sin antes terminar de leer un artículo superinteresante sobre cuantos famosos han muerto decapitados en el mundo (es que no te lo crees!).

A pesar de todo debo decir que hoy siento que trabajé como un loco a pesar de haber logrado solo hacer la mitad de lo que quería y de haber olvidado la mitad de lo que hice ¿O era de lo que quería hacer?

Para calmarme un poco, me recuerdo a mí mismo que (a pesar de mi neurona vaga) probablemente haya conseguido mucho más de lo que creo que he hecho, pero que simplemente no puedo recordarlo.

Por fin me tumbo en la cama con la imagen de varios famosos decapitados mientras algunas preguntas asaltan mi mente:

¿Me esforcé mucho hoy? Eso creo.

¿Sobreviví al día? Al menos hasta ahora sí.

¿Fui amable conmigo mismo y con los demás? Eso espero.

Disculpad, me acabo de quedar pillado. Ya está.

¿Soy humano? Parcialmente o incluso totalmente.

¿Saqué al perro? ¡Ostras pues no lo sé! Disculpad voy a sacarlo en un momento. Es broma, estaba jugando contigo… Creo…

Espera un momento, ¿Estás hablando contigo mismo? Puede ser, pero esto no es demasiado importante. Lo importante es que alguien te diga que lo estás haciendo bien, incluso cuando sientas que te estás desmoronando y haciéndolo todo mal, lo estás haciendo bien. Cómo todo el mundo. Como la persona que está leyendo esto ahora mismo.

¿Alguien está leyendo esto ahora? No lo sé, pero si hay alguien ahí, tal vez tengas las mismas luchas o incluso otras diferentes a las que tengo yo, aunque lo más importante es que no importa las neuronas que tengas ni lo que recuerdes para apreciar lo importante que eres, independientemente de lo que hayas logrado o no hayas logrado hoy (salvo claro está que seas un asesino en serie, en cuyo caso deberías estar mejor encerrado, hazme caso).

Incluso aunque esa lucha sea poner varias veces la lavadora (si por casualidad lo haces cuidado con la Greta que no veas que genio).

Bueno pues hasta aquí un día en la vida del sustituto, si has llegado hasta este punto una de dos, o estás muy [email protected] o muy [email protected], o eres otro ser uni neuronal y seguramente tu neurona querrá asesinarte ahora mismo, salvo que te hayas dopado y no pueda para de girar sobre sí misma.

Espero que te haya gustado, o que al menos te hayas reído algo o bueno me conformo con que no quieras tirarte de un puente.

Nos vemos en el próximo post! (siempre que no huyas y a mí no se me olvide que tengo un blog, claro!)

 

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